Todo marchaba
a la perfección,
se consideraba
niña de imaginación
levantarse a
las 6 am era su dedicación
arreglarse y
alistarse por rápida acción
un cuerpo, y
sobre él un uniforme
que de cierta
forma lucia inconforme
aún así no dejaba
de hacerse adorable
la fiel rutina
de su responsable.
Lentamente transcurrían
los días
sin pedir
permiso y sin dar analogías
esta niña se
fue llenando de alegría
poco a poco y día
a día
fué creciendo
en conocimiento
con un
problema y un razonamiento
letras y números
llenaban su intelecto
como canciones
que se quedan sin aliento.
La niña de
sueños inagotables
se convertía
en señorita amigable
en el día a día
se dio cuenta
que entre la
estrella y la luna
existían diferencias
aunque no eran
muy claras
debía sin duda
alguna aceptarlas
a pesar de
todo aún no conocía la vida…
Entre fiestas
y reuniones recreaba aquel silencio
aunque era muy
aplicada no dejaba en manifiesto
la
irracionalidad de ciertos ignorantes y sociegos
bailaba al
ritmo del respetuoso maestro.
Esa niña se
hizo amiga
de quien menos
quería
las llamadas día
a día
formarón su poesía
se hizo
costumbre la melancolía.
Sin querer la analogía
dejó el temor
en agua fría
se
compenetraron tanto
que sus
secretos
exponían,
dejando
en manifiesto
la entera
e inagotable compañía.
Y en el final
del iracundo
mar, en la
lluvia del océano,
surgen las
alas de albatros
como dos
sistemas de sal,
estableciendo
en el silencio,
entre las
rachas torrenciales,
con su
espaciosa jerarquía
el orden de
las soledades.
De pronto un día llegó sin algún esperar, era tan común
que se pretendía olvidar como todos lo que no tiene importancia en el mar, pero
inesperadamente sucedió y un susurro de amor propuso una canción para bailar un
vals de inagotable pasión. Esa niña nunca pensó que tanta extrañeza podría existir
y en silencio acepto lo que no pudo gritar en una conversación, miles de ideas locas tropezaban sus
pensamientos ella no quería aceptar lo que estaba sucediendo, ignorando
oportunidades paso días de salubridades. En el algún momento debía reaccionar
que era algo que no podía esperar… Aún pensándolo docientas veces se atrevió
como el valiente-curioso que entra en la jaula de un león, causaba tanta
extrañeza en ella que nunca creyó que fuese realidad semejante locura. Muchos
hechos pasaron y poco a poco se fueron solidificando dos cuerpos en uno. A esa niña
de sueños mezquinos le dejaron un centenal de besos marcados como huellas sobre
concreto, aunque menos extrañeza le causaba mas placer le brindaba, en ese
convivir se acabó el predecir y dos cuerpos juntos se dedicarían a dibujar un
abstracto sin fin. Se entregaron tanto que nunca podrá un elemento quitarle su
aliento de interminable suspenso. Esos cuerpos aunque estén a kilómetros de
distancia se encuentran sin un milímetro de separación, tan compenetrados como
el aire y el oxigeno, como el agua y la lluvia, tan unidos como el mar y el
cielo, es una historia de nunca acabar que desgasto fuerzas por tanto AMAR.

¡Escapo
de sus manos tanto amor concentrado!